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¿CAMBIAR DE MUNDO?
DE UTOPÍAS Y VIAJES A NINGUNA PARTE (2026)
Hay una larga tradición en la historia de creencias colectivas que sustentan la ilusión de cambiar el mundo, desde religiones redentoras a ideologías totalitarias, pasando por fantasías grupales y aun personales con tal ambición, combinando, en cualquier caso y de manera muy aventurada, la ingenuidad y la frivolidad con el fanatismo y la exaltación. Tales ensoñaciones adoptan la forma de mitos y fantasías, rimas y leyendas, utopías y ficciones, programas altermundistas, hasta llegar a convertirse en cuentos chinos…
En el momento presente, la era de las posideologías y el pensamiento
débil, los viajes que no van a ninguna parte ofrecen fórmulas y prontuarios
con mucha prisa, centrados en emociones primarias e instintos básicos. Favorece
semejante actitud la primacía en los últimos tiempos de los mensajes cortos,
las claves de acceso y las contraseñas en la informática, los vuelos low cost, la empatía, así como la magia
que alimenta las «Nuevas Tecnologías», el «Transhumanismo», la AI («Inteligencia
Artificial»), la «Inteligencia Emocional» o la devoción por la cirugía
estética, sobre el sentido de la realidad, el entendimiento racional y la
comunicación humana.
Hoy, dominan la escena pública focos y reflectores
propagandísticos, con apariencia simpática, bonitas palabras (Corrección
Política) y buenismo, pero de raíz coactiva y autoritaria, que preconiza nada
menos que la imposición de un «Nuevo Orden Mundial», como cualquier cosa, como si
se tratase de un cambio de camisa, de chaqueta o de mundo, como quien propone un Mundo Feliz...
Ocurre, con todo, que los hombres no pueden modificar, por
más estratagemas que empleen y por más fuerza y violencia que ejerzan, el orden
natural de las cosas, el sentido común, los ciclos de la vida o los géneros y
las generaciones en la especie humana, por citar algunos casos. Pueden, sí,
mediante la Propaganda, la Mentira, la Manipulación, la Esperanza, el Miedo y
la Dominación, cambiar determinadas circunstancias
del mundo, pero no su sustancia, su ser, su naturaleza.
En suma, recordemos que el sueño de la Razón y la Ilusión
Transcendental produce monstruos, así como que la voz del Gran Hermano es la Voz
de su Amo. Pero, también, preservémonos de la sinrazón de confundir lo real con
su doble, o sea, la «Realidad Virtual».
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EN PREPARACIÓN